Tras la venida del Espíritu Santo

Pentecostés es una festividad que celebra la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles, marcando y definiendo el nacimiento de la Iglesia cristiana.

Se conmemora exactamente 50 días después de la Pascua y su nombre proviene del griego pentekosté, que significa “quincuagésimo”.

Hemos vivido durante todo este tiempo la alegría y la felicidad de la Resurrección de Jesucristo, y hemos sido testigos, a través de las mujeres más cercanas a Él, de su aparición de nuevo entre nosotros, aunque al principio no éramos conscientes de ello.

Según el relato bíblico, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, mientras los discípulos estaban reunidos, el Espíritu Santo descendió sobre ellos en forma de un viento impetuoso y de “lenguas de fuego”, dándoles el valor y la capacidad de hablar en otros idiomas para predicar el Evangelio.

Este momento se considera crucial en el nacimiento de la Iglesia, pues representa el inicio de la misión de los apóstoles y la era de la gracia. Además, pone fin al tiempo de Pascua.

Da alas a sus seguidores —primero a los apóstoles y a quienes realmente vivieron junto a Él— para dar rienda suelta a sus enseñanzas, siendo valientes y haciendo que su palabra llegue a todos los rincones del mundo.

En el judaísmo, su nombre original es Shavuot. Era la fiesta de la cosecha, conocida también como “la fiesta de las semanas”, que originalmente se celebraba siete semanas, es decir, 50 días, después de la Pascua judía.

Además de celebrar los frutos de la cosecha, conmemora el día en que Dios entregó la Torá —los Diez Mandamientos— al pueblo de Israel en el monte Sinaí.

Es a partir de este momento, con la venida del Espíritu Santo, cuando los apóstoles reciben una nueva misión: anunciar el mensaje de Jesús.

Las lenguas de fuego simbolizan la capacidad de comunicarse con personas de distintas lenguas y culturas, llevando el Evangelio a todo el mundo.

Este hecho representa el cumplimiento de las promesas de Cristo y el inicio de una nueva alianza entre Dios y la humanidad, tal como lo anunciaron Jeremías y Ezequiel.

Inmediatamente después de la venida del Espíritu Santo, los apóstoles comienzan a predicar y a bautizar.

Pentecostés marca, por tanto, el nacimiento de la Iglesia, la formación de las primeras comunidades cristianas y el inicio de la gran misión evangelizadora.